Durante la niñez ocurre la mayor parte del crecimiento. Además del crecimiento físico, se inicia
la vida de relación con los demás con la posibilidad de definir vínculos que pueden prolongarse
por toda la vida.


Por otro lado, la adolescencia es una época de cambios en la que, en ocasiones, los y las
jóvenes tienden a sentirse perdidos, desorientados, confusos, enfadados o desanimados. Están
afianzando su autonomía, buscando su identidad. Reclaman mayor independencia, pero
siguen necesitando nuestro cuidado y atención. En este proceso, en ocasiones, cuesta
encontrar el equilibrio para que la convivencia en casa sea tranquila.


Durante estas etapas los padres pueden sentirse superados por la situación, perdidos sin ser
capaces de encontrar una solución válida, a a su vez, los niños o adolescentes también sufren
las consecuencias de estas situaciones. Un contexto bastante común que suele desembocar en
estas situaciones familiares suelen ser los trastornos por ansiedad. Estos se caracterizan por
manifestaciones muy variadas y desconcertantes: rechazo a ir al colegio, quejas físicas
variadas, comportamientos de apego excesivo a los padres o a los principales cuidadores,
resistencia a ir a dormir, hiperactividad y oposicionismo, etc.


En AEC damos especial importancia a la perspectiva del desarrollo como forma de
contextualizar las diferentes conductas problema que puedan surgir durante estas etapas del
desarrollo. Como profesionales que tratamos con niños y adolescentes somos conscientes de
la necesidad de estar al tanto de los cambios que, continuamente, van surgiendo en la
sociedad (nuevas tecnologías, cambios en la relaciones, etc). Desde nuestra experiencia
damos especial importancia a la creatividad al servicio de la terapia (juegos, actividades) y al
trabajo con las personas significativas en la vida de los niños-adolescentes.


Entre las demandas más comunes podemos encontrar trastornos del ánimo, trastornos de
ansiedad, separación o divorcio de los progenitores y agresividad entre otros.

“El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices”.

 Oscar Wilde.

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